El cielo es azul, la tierra blanca

Hiromi Kawakami

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Hiromi Kawakami cuenta una excepcional historia de amor entre Tsukiko y el Maestro. Una mujer de mediana edad y su ex profesor de Universidad son los protagonistas de esta prodigiosa y refinada novela que tiene lugar en Japón. La cotidianidad y los singulares encuentros en donde se suscitan los primeros contactos de comunicación entre Tsukiko y Harutsuna Matsumoto envuelven el ambiente de la lectura en grandes exquisiteces culinarias, tabernas y sake. 

“—De todos modos, hay una expresión que dice que «aun el encuentro más casual es karma» […] «Karma» es un término budista. Es la energía que todos nos  llevamos de nuestras vidas anteriores y que condiciona nuestras vidas futuras”.

Bajo esta noción del karma que dialoga el Maestro, pareciera que la historia de amor entre él y Tsukiko se consolida a través de los encuentros casuales, y la expectativa por el encuentro mismo. Hay una espera y una esperanza prolongada por vivirlo.

Tsukiko por su parte, es una mujer peculiar que experimenta la vida singularmente sensorial. A través del olfato describe vívidamente los olores de la comida recién preparada; su audición nos cuenta los ruidos que escucha detrás de la taberna mientras hacen un caldo o cuando sirven la cerveza. Un trago amargo y espeso pasa por su garganta mientras saborea.

¿Es acaso necesaria la ostentosidad? Esta novela cambia el paradigma de que para desarrollar una historia de amor es necesario un contexto peculiar. La lluvia, los paseos nocturnos, las conversaciones sentados en el futón, el escuchar el canto de las aves o el sonido de los grillos fueron eventos suficientes para contarnos una historia de amor que espera, a veces con una muy ligera desesperación, y otras muchas veces en el silencio, y siempre, buscando los encuentros. 

El desarrollo y el progreso del amor entre Tsukiko y el Maestro fue tan suave, fortuito, silencioso y sin predeterminación que desconfigura ideas y muestra formas más reales acerca de cómo puede originarse una relación.

“Cuando fui consciente de la distancia que había entre los dos, sentí un profundo dolor. No nos separaba la edad, ni tampoco el espacio, pero entre el maestro y yo había una distancia insalvable”.

Hiromi Kawakami

Reseña

Andrea Gallegos Díaz

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